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LA CARTA DEL HERMANO DEL HOMBRE ASESINADO POR UN POLICÍA DE LARRETA CON UNA PATADA

Ariel Gómez difundió una carta en la que cuenta quién era su hermano. Pese al video que muestra la violencia innecesaria de la patada, la ministra Bullrich abogó por el uso de las taser y la jueza liberó al efectivo. Nadie se comunicó con la familia.

El hermano de Jorge Gómez, el hombre asesinado de una patada por el policía Esteban Ramírez, hizo circular una carta en la que cuenta cómo era su hermano, la relación entre ambos desde que vinieron a vivir a Buenos Aires desde Santiago del Estero con su padre. Llevaba la vida de un trabajador precarizado de estos días: “Mi hermano era una muy buena persona. Tenía 41 años y trabajaba sin parar. Desde muy temprano hasta la tarde, arreglaba relojes de taxi y a la noche hacía delivery y ayudantía de cocina, porque con un solo empleo no le alcanzaba”, comienza la carta.

En el video que se viralizó se ve claramente el ataque del uniformado contra el inmóvil e indefenso Gómez. Sin embargo, desde las fuerzas de Seguridad intentaron instalar que estaba armado y era peligroso. Luego del asesinato, la ministra Patricia Bullrich defendió el accionar policial y ni siquiera trató de acompañar a la familia pese a la responsabilidad que pesa sobre la institución: “Del Gobierno de la Ciudad no se comunicó ni se acercó nadie, como si no hubieran tenido nada que ver. Eso tampoco lo puedo creer. Estamos solos, moviéndonos entre la morgue judicial, la Fiscalía y el Juzgado, para que no se trate de otro caso donde quede impune la bestialidad de las Fuerzas de Seguridad”, narró Ariel Gómez en una carta pública dada a conocer por la Garganta Poderosa.

El policía que por medio de violencia excesiva asesinó a Gómez ayer quedó en libertad por orden de la jueza Yamile Susana Bernan. “¿Quién me devuelve a mi hermano? ¿Quién?”, se pregunta desgarrado su hermano Ariel en la carta. “¿Cómo le van a pegar esa patada? No fue un accidente ni una tragedia”, dice. Y todos los que vieron el video saben que es así. Que la violencia institucional mata y luego intenta cubrir sus responsabilidades, aunque haya un video como evidencia que muestre lo contrario y una ministra que saque como lección que más violencia es la respuesta.

Carta de Ariel Gómez, hermano de Jorge, asesinado ayer por la Policía de la Ciudad:
¿Quién me devuelve a mi hermano? ¿Quién? ¿La Policía? ¿El Gobierno de la Ciudad? Nadie. Miren el video y es la prueba más contundente de lo que pasó. Un asesinato sin ninguna justificación. Mi hermano era una muy buena persona. Tenía 41 años y trabajaba sin parar. Desde muy temprano hasta la tarde, arreglaba relojes de taxi y a la noche hacía delivery y ayudantía de cocina, porque con un solo empleo no le alcanzaba.

Estoy destruido, no entiendo cómo se pudo llegar a esto. Desde siempre fuimos muy unidos, nos criamos y vivimos juntos. Nosotros somos de Santiago del Estero y hace más de 30 años que vinimos a Buenos Aires con mi viejo. Realmente no sé cómo seguir adelante. Mi hermano no había vuelto a dormir, pero no me preocupé porque salía seguido. Hasta que vi el video por Facebook y se me cayó el mundo. El hecho ocurrió ayer a la mañana a unas cuadras de casa, en el barrio de San Cristóbal. Cuando llegué al hospital ya era tarde: me mandaron directamente a la morgue.

La policía está buscando instalar que Jorge los amenazó con un cuchillo cuando la imagen lo muestra todo: en ningún momento intimidó a nadie. Repienso cada segundo el video y no comprendo cómo el policía Esteban Armando Ramírez pudo golpearlo así. Eran un montón de efectivos y mi hermano estaba borracho, podían reducirlo sin lastimarlo. ¿Cómo le van a pegar esa patada? No fue un accidente ni una tragedia. El golpe fue criminal: al caer al asfalto sufrió una fractura de cráneo que le produjo la muerte.

Del Gobierno de la Ciudad no se comunicó ni se acercó nadie, como si no hubieran tenido nada que ver. Eso tampoco lo puedo creer. Estamos solos, moviéndonos entre la morgue judicial, la Fiscalía y el Juzgado, para que no se trate de otro caso donde quede impune la bestialidad de las Fuerzas de Seguridad.

 

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