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COMODORO PY DESATADO: OPERADORES, SERVICES, CORRUPCIÓN Y NEPOTISMO

El Stornelli-gate evidenció la alianza de oro que existe entre algunos periodistas, los servicios de inteligencia y el establishment judicial. Si bien el macrismo impone su alianza táctica con jueces y fiscales, se multiplica el desorden interno en Comodoro Py.

En la jungla de los tribunales federales de Retiro, más desbandados y descentrados que nunca, se volvió a imponer la doctrina Irurzun. La Oficina Anticorrupción y la Unidad de Información financiera lograron que Amado Boudou volviera a la cárcel preventivamente. La decisión fue tomada por la Cámara Federal de Casación Penal, integrada por los jueces Gustavo Hornos, Mariano Borinsky y Juan Carlos Gemignani. Lo hicieron en base a la doctrina que patentó quien preside la sala II de la Cámara Federal, Martín Irurzun. Se trata de un personaje que arribó a Py en 1994, a partir de un pacto entre el PJ y la UCR. Apañado por el Grupo Clarín, Irurzun es uno de los jueces más veteranos de ese fuero federal. Sin haber hecho reformas o aportes doctrinarios durante su largo paso por Py, Irurzun además tiene a su cargo el manejo de las escuchas telefónicas legales. Es decir, el festival de filtraciones a la prensa y a dirigentes como Elisa Carrió, siempre hechas en una zona muy oscura de la ley, se está celebrando bajo su responsabilidad. Con un agregado desde las sombras: el de la omnipresente mano de los Agencia Federal de Inteligencia.

El traspaso de la oficina de escuchas a la órbita de la Corte Suprema, craneada por el gobierno para restarle poder a la Procuración de Alejandra Gils Carbó, redundó en otra chance de nepotismo judicial. El camarista federal Eduardo Farah, el juez Rodolfo Canicoba Corral, el fiscal Carlos Stornelli y su par Eduardo Taiano tienen hijos designados en esa dirección. También figura el hijo del juez en lo penal económico Marcelo Aguinsky y el del camarista nacional Luis María Bunge Campos.

Por otro lado, Sol Irurzún, sobrina de Martín Irurzún, es abogada y figura como aportante de campaña de Cambiemos. Empleada del gobierno porteño desde abril de 2013, aparece tres veces en los aportes de 2015 con un total de $ 31.500.

El macrismo todavía cuenta con poder residual, en su alianza táctica con algunos actores de Comodoro Py. Esa matriz, sin embargo, exhibe debilidades y microemprendimientos que la vuelven caótica y algo impredecible a futuro. Dos datos potencian el desorden: el golpe palaciego a Ricardo Lorenzetti, quien ejercía una suerte de liderazgo interno dentro de la familia judicial; y la multiplicidad de operadores que se arrogan la representación oficial del gobierno.

En Py, el único fuero que investiga las acusaciones de corrupción contra funcionarios nacionales, actuales y pasados, circulan al menos cuatro tipos de personajes: giradores de coimas, operadores políticos, agentes de inteligencia y abogados que ofrecen un plus de eficacia a sus clientes, basado en su prestigio, su cercanía con el Gobierno, con un juzgado o con los espías de la ex SIDE.

La denuncia por extorsión al fiscal Carlos Stornelli reveló la identidad de un girador, el papel más oscuro del reparto: Marcelo D’Alessio. Si no hubiese existido la acusación contra el fiscal del Gloria-gate, el abogado D’Alessio seguiría de ronda mediática, presentado en Clarín y Animales Sueltos como un “experto en seguridad, terrorismo y narcotráfico”. El Stornelli-gate evidenció la alianza de oro que existe entre algunos periodistas, los servicios de inteligencia y el establishment de Py.

Antes de que Horacio Verbitsky publicara su nombre, D’Alessio le había exigido 300 mil dólares al empresario Pedro Etchebest. De ese monto, solo llegó a cobrar 14.700 en efectivo.

Los giradores son personajes que ven la oportunidad de hacer un negocio extorsivo alrededor de una causa. Se aprovechan del secretismo judicial y su familiaridad con el mundo judicial. Son abogados, periodistas o filo-service. Así, si el lance extorsivo de D’Alessio fue una girada, solo resta saber si Stornelli participaba o no de ese pedido de coima. Habitué de Py desde hace 15 años, el abogado Alejandro Rúa le dijo al diario Perfil: “No tengo whatsapp de Stornelli, ni chateo con él. Tampoco me junto afuera de su despacho. Eso no es normal”.

El abogado Mariano Silvestroni dio su versión: “Stornelli no lo mandó a pedir dinero. D´Alessio es un vende humo. Pero lo mandó a hacer trabajo sucio. Tanto él como Bonadío usaron a este tipo de gente para armar esta causa,  meter miedo y conseguir arrepentidos. En Boca ya se relacionaba con barrabravas”.

Stornelli es amigo y fue compañero de Daniel Angelici en la comisión directiva de Boca. Fiscal desde 1993, condujo la investigación por tráfico de armas que terminó con el arresto de Carlos Menem. A punto de cumplir 60 años, ahora va por su bronce personal en la causa de la fotocopia de los cuadernos: Cristina Kirchner. O al menos ese era su objetivo, hasta antes de que explotara el escándalo que lo pusiera bajo la lupa. La principal ventaja con la que cuenta Stornelli es que el juez y el fiscal que lo investigan no usan los métodos que él mismo naturalizó. De hacerlo a la manera de Stornelli, el fiscal ya estaría detenido.

Fuente: Primereando  Las Noticias.

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